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nydus/Hume's Political DiscoursesPublic
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De la sociedad política

indiscreción, si no de inmoralidad. Estas historias, al pasar de mano en mano y recibir todas las variaciones habituales, con frecuencia llegan a oídos de los implicados y producen animadversión y disputas entre personas cuyas intenciones son de lo más inocente e inofensivo.

Indagar en los secretos, abrir o incluso leer las ajenas cartas, hacer de espía de sus palabras, miradas y acciones: ¿qué hábitos hay más inconvenientes en sociedad? ¿Qué hábitos, por consecuencia, más censurables?

Este principio es también el fundamento de la mayoría de las leyes de las buenas maneras, una especie de moralidad menor calculada para la comodidad de la compañía y la conversación.

Tanto el exceso como la escasez de ceremonias son censurados, y todo lo que promueve la facilidad sin una familiaridad indecente es útil y loable.

La constancia en las amistades, afectos e intimidades es {p251} por lo común muy loable, y resulta necesaria para sostener la confianza y la buena correspondencia en la sociedad.

Pero en los lugares de concurrencia general aunque casual, donde la búsqueda de la salud y el placer reúne promiscuamente a las gentes, la conveniencia pública ha prescindido de esta máxima, y la costumbre promueve allí una conversación sin reservas por el tiempo que dure, al conceder el privilegio de abandonar después a cualquier conocimiento indiferente sin quebranto de la cortesía ni de los buenos modales.

Aun en las sociedades que están establecidas sobre los principios más inmorales y más destructivos para los intereses de la sociedad en general, se requieren ciertas reglas que una especie de falso honor, así como el interés privado, impulsan a los miembros a observar. Los ladrones y los piratas, se ha observado a menudo, no podrían mantener su perniciosa confederación si no establecieran una nueva

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