alcanzan un tamaño enorme, surgen nece- sariamente muchas capitales en las provincias más remotas, adonde acuden todos los habitantes, salvo unos pocos cortesanos, en busca de educación, fortuna y diversión.90
Londres, al unir un comercio extenso y un imperio mediano, ha alcanzado tal vez una grandeza que ninguna ciudad podrá jamás superar.
Elija Dover o Calais como centro: trace un círculo de doscientas millas de radio; comprende Londres, París, los Países Bajos, las Provincias Unidas y algunos de los condados mejor cultivados de Francia e Inglaterra.
Puede afirmarse con seguridad, creo, que no se puede encontrar en la antigüedad ningún terreno de igual extensión que contenga ni de lejos tantas ciudades grandes y pobladas, y que estuviera tan provisto de riquezas y habitantes.
Equiparar, en ambos periodos, los estados que poseían más arte, conocimiento, civilización y la mejor policía parece el método más veraz de comparación.
Es una observación del abate Du Bos que Italia es más cálida en la actualidad que en la antigüedad. «Los anales de Roma nos dicen», afirma, «que en el año 480 A.U.C. el invierno fue tan severo que destruyó los árboles. El Tíber se congeló en Roma, y la tierra estuvo cubierta de nieve durante cuarenta días. Cuando Juvenal describe a una mujer supersticiosa, la representa rompiendo el hielo del Tíber para poder realizar sus abluciones».
“Él habla de la congelación de ese río como un acontecimiento común. Muchos pasajes de Horacio suponen que las calles de Roma están llenas de nieve y hielo. Tendríamos mayor certeza al respecto si los antiguos hubieran conocido el uso de los termómetros; pero sus escritores, sin proponérselo, nos dan información suficiente para convencernos de que los inviernos son ahora mucho más templados en Roma que antiguamente.