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nydus/Hume's Political DiscoursesPublic
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Del Comercio.

La mayor parte de cualquier Estado puede dividirse en labradores y artesanos. Los primeros se emplean en el cultivo de la tierra; los segundos transforman los materiales proporcionados por aquéllos en todas las mercancías que son necesarias y ornamentales para la vida humana. Tan pronto como los hombres abandonan su estado salvaje, en el que viven principalmente de la caza y la pesca, deben caer en estas dos clases; aunque las artes de la agricultura emplean al principio a la parte más numerosa de la sociedad.​7 El tiempo y la experiencia mejoran de tal modo estas artes, que la tierra puede mantener fácilmente a un número mucho mayor de hombres que los que están empleados inmediatamente en su {p4} cultivo, o que proporcionan las manufacturas más necesarias a quienes están así empleados.

Si estos brazos superfluos se aplican a las artes más finas, que comúnmente se denominan artes de lujo, aumentan la felicidad del Estado, puesto que brindan a muchos la oportunidad de recibir goces con los que de otro modo no habrían estado familiarizados. Pero ¿no puede proponerse otro plan para el empleo de estos brazos superfluos? ¿No puede el soberano reclamarlos y emplearlos en flotas y ejércitos, para aumentar los dominios del Estado en el exterior y difundir su fama entre naciones distantes? Es seguro que cuantos menores deseos y necesidades se hallen en los propietarios y trabajadores de la tierra, a menos brazos emplean; y consecuentemente las superfluidades de la tierra, en lugar de mantener a artesanos y fabricantes, pueden sostener flotas y ejércitos en una medida mucho mayor que cuando se requieren muchísimas artes para atender al lujo de particulares. Aquí, por lo tanto, parece haber una especie de oposición entre la grandeza del Estado y la felicidad de los súbditos. Un Estado nunca es más grande que cuando todos sus brazos superfluos son empleados al servicio del público. La comodidad y la conveniencia de las personas privadas exigen que estos brazos sean empleados en su servicio. Lo uno nunca puede satisfacerse sino a expensas de lo otro. Así como la ambición del sobrino debe atentar contra el lujo de los individuos, así el lujo de los individuos debe disminuir la fuerza y frenar la ambición del soberano.

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