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nydus/Hume's Political DiscoursesPublic
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Del Comercio.

Si pudiéramos convertir una ciudad en una especie de campamento {p10} fortificado, e infundir en cada pecho un genio tan marcial y una pasión tal por el bien público que cada cual estuviera dispuesto a soportar las mayores penalidades por mor de la comunidad, estos afectos podrían ahora, como en la antigüedad, resultar por sí solos un estímulo suficiente para la industria y un sostén para la sociedad. Sería entonces ventajoso, como en los campamentos, desterrar todas las artes y el lujo y, mediante restricciones en los carruajes y las mesas, hacer que las provisiones y el forraje duraran más que si el ejército estuviera cargado de numerosos servidores superfluos. Pero como estos principios son demasiado desinteresados y difíciles de mantener, es menester regir a los hombres por otras pasiones y animarlos con un espíritu de avaricia e industria, de arte y lujo. El campamento se ve, en este caso, cargado de un séquito superfluo, pero las provisiones fluyen proporcionalmente en mayor cantidad. La armonía del conjunto sigue manteniéndose y, al adaptarse mejor a la inclinación natural de la mente, tanto los particulares como el público encuentran su beneficio en la observancia de estas máximas.

El mismo método de razonamiento nos permitirá ver la ventaja del comercio exterior para aumentar el poder del Estado, así como las riquezas y la felicidad de los súbditos. Aumenta el caudal de trabajo en la nación, y el soberano puede destinar la parte que considere necesaria al servicio público. El comercio exterior, mediante sus importaciones, proporciona materias primas para nuevas manufacturas; y mediante sus exportaciones, produce trabajo en productos particulares que no podrían consumirse en el país. En suma, un reino que cuenta con una gran importación y exportación debe abundar más en industria —y ello empleado en exquisiteces y lujos— que un reino que se contenta con sus productos nativos. Es, por tanto, más poderoso, además de más rico y feliz.

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