eran denominadas bárbaras? ¿Por qué si no los griegos se preciaban tanto de su humanidad, gentileza y moderación por encima de todas las demás naciones? Este razonamiento parece muy natural; pero, por desgracia, la historia de la república romana en sus primeros tiempos, si damos crédito a los relatos recibidos, se opone a nosotros. Jamás se derramó sangre en ninguna sedición en Roma hasta el asesinato de los Gracos. Dionisio de Halicarnaso, al observar la singular humanidad del pueblo romano en este aspecto, la utiliza como argumento de que procedían originalmente de estirpe griega; de donde podemos deducir que las facciones y revoluciones en las repúblicas bárbaras solían ser aún más violentas que las de la Grecia antes mencionada.
Si los romanos tardaron tanto en entrar en conflicto, lo compensaron con creces una vez que se adentraron en el sangriento escenario; y la historia de sus guerras civiles escrita por Apiano contiene el cuadro más espantoso de matanzas, proscripciones y confiscaciones que jamás se haya presentado al mundo. Lo que más agrada de ese historiador es que parece sentir un justo resentimiento por estos bárbaros procedimientos, y no habla con esa fría e indiferente provocación que la costumbre había producido en muchos de los historiadores griegos.66
Las máximas de la política antigua contienen, por lo general, tan poca humanidad y moderación que parece superfluo dar ninguna razón particular de las violencias cometidas en un período cualquiera; sin embargo, no puedo dejar de observar que las leyes en las últimas épocas de la república romana estaban concebidas de un modo tan absurdo que obligaban a los jefes de los partidos a recurrir a estos extremos. Todas las penas capitales fueron abolidas. Por muy criminal que fuera, o, lo que es peor, por muy peligroso que pudiera resultar cualquier