alcanzado cierta edad, procedente de las regiones más remotas y económicas. Estas son, por consiguiente, las únicas regiones de cría de ganado; y, por idéntica razón, también de hombres, cuando a estos últimos se los pone en el mismo pie de igualdad que al {p115} ganado.
Criar a un niño en Londres hasta que pudiera ser útil costaría mucho más que comprar uno de la misma edad en Escocia o Irlanda, donde se había criado en una choza, cubierto de harapos y alimentado con harina de avena o patatas.
Los que tenían esclavos, por lo tanto, en todos los países más ricos o poblados desalentaban el embarazo de las hembras, y evitaban o destruían el nacimiento. La especie humana perecería en aquellos lugares donde debería multiplicarse con mayor rapidez, y se necesitaría un reemplazo continuo de todas las provincias más pobres y desérticas.
Una continua merma semejante tendería poderosamente a depoblar el Estado, y haría que las grandes ciudades fuesen diez veces más destructivas que entre nosotros, donde cada hombre es dueño de sí mismo y provee a sus hijos por el poderoso instinto de la naturaleza, y no por el cálculo de un sórdido interés.
Si Londres en la actualidad, sin aumentar, necesita un recluta anual del campo de 5000 personas, según se calcula comúnmente, ¿qué requerirá si la mayor parte de los comerciantes y de la gente común fueran esclavos, y sus avariciosos amos les impidieran reproducirse?
Todos los autores antiguos nos dicen que hubo un flujo perpetuo de esclavos hacia Italia procedentes de las provincias más remotas, en particular Siria, Cilicia,44 Capadocia y el Asia Menor, Tracia y Egipto; sin embargo, el número de personas no aumentó en Italia, y los escritores se quejan de la continua decadencia de la industria y la agricultura. ¿Dónde