Ningún súbdito, por muy leal que sea, pretende negar que el título disputado y los dominios extranjeros de la actual familia real son una pérdida; como tampoco hay partidario alguno de la familia Estuardo que deje de confesar que la pretensión de un derecho hereditario e indeleble y la religión católica romana son también desventajas en dicha familia. Corresponde, por tanto, únicamente a un filósofo, que no es de ninguna de las partes, poner todas estas circunstancias en la balanza y asignar a cada una su propio peso e influencia. Tal persona reconocerá fácilmente, en un principio, que todas las cuestiones políticas son infinitamente complicadas y que rara vez se presenta en deliberación alguna una opción que sea pura y exclusivamente buena o pura y exclusivamente mala. Se puede prever que de cada medida se deriven consecuencias mixtas y variadas, y de hecho siempre se siguen de ella muchas
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De la Sucesión Protestante.
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