Al principio, no se percibe alteración alguna; gradualmente el precio sube, primero el de una mercancía y luego el de otra, hasta que al final el conjunto alcanza una proporción justa con la nueva cantidad de moneda que hay en el reino.
En mi opinión, es solo en este intervalo o situación intermedia, entre la adquisición de dinero y el alza de precios, que la creciente cantidad de oro y plata es favorable para la industria.
Cuando una cantidad de dinero es importada a una nación, no se dispersa al principio en muchas manos, sino que se confina en las arcas de unas pocas personas, que inmediatamente buscan emplearlo de la mejor manera.
Aquí tenemos a un grupo de fabricantes o comerciantes, supongamos, que han recibido remesas de oro y plata por mercancías que enviaron a Cádiz. Con ello se ven capacitados para emplear a más trabajadores que antes, los cuales jamás sueñan con exigir salarios más altos, sino que se alegran de conseguir empleo de tan buenos pagadores.
Si los obreros escasean, el fabricante paga salarios más altos, pero al principio exige un incremento de trabajo; y a esto accede de buena gana el artesano, {p32} quien ahora puede comer y beber mejor, para compensar su esfuerzo y fatiga adicionales.
Lleva su dinero al mercado, donde encuentra todo al mismo precio que antes, pero regresa con una cantidad mayor y de mejores clases, para el uso de su familia.
El granjero y el jardinero, al ver que todas las mercancías son absorbidas, se aplican con presteza a producir más; y al mismo tiempo pueden permitirse comprar mejores y más ropas a sus comerciantes, cuyo precio es el mismo que antes, y su industria solo se ve estimulada por tantas ganancias nuevas.