Como el excedente de prestatarios sobre el de prestamistas sigue siendo el mismo, no se producirá ninguna reducción del tipo de interés. Eso depende de otro principio, y debe provenir de un aumento de la industria y la frugalidad, de las artes y el comercio.
Todo lo útil para la vida del hombre surge de la tierra; pero pocas cosas surgen en la condición que se requiere para hacerlas útiles.
Debe haber, por lo tanto, además de los campesinos y de los propietarios de la tierra, otra clase de hombres que, recibiendo de los primeros las materias primas, las trabajen hasta darles su forma adecuada y se queden con una parte para su propio uso y subsistencia.
En la infancia de la sociedad, estos contratos entre los artesanos y los campesinos, y entre una especie de artesanos y otra, son celebrados comúnmente de manera directa por las propias personas, quienes, al ser vecinas, se conocen fácilmente las necesidades mutuas y pueden prestarse asistencia recíproca para satisfacerlas.
Pero cuando la industria de los hombres aumenta y sus miras se amplían, se descubre que las partes más remotas del Estado pueden ayudarse mutuamente tan bien como las más contiguas, y que este intercambio de buenos oficios puede llevarse a cabo hasta el grado máximo de extensión y complejidad.
De ahí el origen de los comerciantes, la raza de hombres más útil de {p44} toda la sociedad, que sirven como agentes entre aquellas partes del Estado que se desconocen por completo e ignoran las necesidades mutuas.
He aquí en una ciudad cincuenta obreros en seda y lino, y mil clientes; y estas dos clases de hombres, tan necesarias la una para la otra, jamás pueden encontrarse adecuadamente hasta que un hombre levanta una tienda, a la cual acuden todos los obreros y todos los clientes.