donde tenían la autoridad, una vez que alcanzaban el uso de la razón, no solo de retractarse y controlar lo que se hubiera determinado, sino de castigar a cualquier tutor por las medidas que hubieran adoptado bajo su persuasión. La misma ley tenía vigencia en Tebas, y por la misma razón.
Parece haber sido una práctica habitual en Atenas, al establecerse cualquier ley considerada muy útil o popular, prohibir para siempre su abrogación y derogación.
Así, el demagogo que destinaba todos los ingresos públicos al mantenimiento de funciones y espectáculos, convirtió en delito incluso el mero hecho de proponer la derogación de esta ley; así Leptines propuso una ley no solo para revocar todas las inmunidades concedidas anteriormente, sino para privar al pueblo en el futuro de la facultad de conceder ninguna más; así se prohibieron todos los proyectos de ley de proscripción (bills of attainder), o leyes que afectaban a un solo ateniense sin {p102} hacerse extensivas a toda la república.
Estas cláusulas absurdas, mediante las cuales el poder legislativo intentaba en vano atarse para siempre, provenían de una conciencia general de la ligereza e inconstancia del pueblo.