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nydus/The Book of KhalidPublic
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I. La dote de la democracia

Jalid: > > “He logrado que el señor O’Donohue lo nombre a usted agente electoral del Distrito Sirio. Debe moverse, por lo tanto, e intentar hacer un buen trabajo entre los votantes sirios en favor del candidato de la Democracia en esta campaña. He aquí una oportunidad que, con un poco de empeño de su parte, se concretará. Y no veo por qué no habría de intentar sacar rédito de su influencia entre su gente. Este no es un puesto insignificante, óigame bien. Y si se llega mañana al Wigwam, le daré un par de sugerencias sobre el negocio

Y el citado señor Hoolihan, según muestra la carta, es secretario del señor O'Donohue, quien es el primer esbirro del Jefe. Tal carta, si se interpreta afortunadamente mal, encenderá por un tiempo la imaginación juvenil. No; no es el Agente para Siria de Su Majestad Shamrag, este puesto de Vendedor, ¡pobre bufón fantasmal! Un alto cargo, en verdad, iluso y penoso soñador, del cual debes colgar las más altas aspiraciones de tu alma, junto con tu teoría de la moralidad inmanente. No sabrías esto al principio. Aún besarías la notificación oficial del señor Hoolihan, y la estrecharías con afecto contra tu pecho. Muy bien. Al fin —y los dioses no te condenarán por meditar— te pararás en el carro electoral frente a la taberna de la esquina y serás el objeto de la admiración de tus conciudadanos⁠—tal vez de proyectiles también. Muy bien, Khalid; pero debes esquilar esa mollera tuya, y de inmediato, porque los poetas son sepultados en la Tierra de Tammany. Decimos esto por tu bien.

¿El sueño oratorio de la juventud, dioses míos, se realizará en este cielo de carro de mudanzas con su antorcha de queroseno y su tambor, que huele y suena más bien a Yahhanam?

Ciertamente, de la Mesa de Bohemia al Tocón en la Tierra de Tammany, hay un largo trecho. Pero créenos, oh Jalid, desearás estar de nuevo en los jardines de Proserpine, cuando el silencio y la oscuridad apaguen la antorcha y el tambor y los ecos de las multitudes vociferantes.

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