Unión y Progreso
De no haber matizado Jalid en su retiro sus arrobamientos filosóficos con un poco de color local, de no haber dado cuenta de su viaje a pie por el Líbano, el hiato en la Histoire Intime de Shakib no se habría podido salvar.
Habría permanecido, muy a nuestro pesar y congoja, algo así como el barranco en el que Jalid casi pierde la vida. Pero ahora regresamos, tras un año de ausencia, a nuestro Escriba, quien en este momento en Baalbek suelda y cincela rimas en alabanza a Niazí y Enver, a Abdul Hamid y a la Dustur (Constitución).
«Cuando Jalid, tras la boda de su primo, desapareció repentinamente de Baalbek —escribe él—, sentí que algo me golpeaba violentamente en la frente, y todo a mi alrededor quedó en la oscuridad. No pude contener mis lágrimas: lloré como un niño, incluso como la madre de Jalid».
Recuerdo que por entonces hablaba a menudo del suicidio. Y la tarde de aquel fatídico día pasamos muchas horas discutiendo la cuestión.
—¿Por qué no es uno libre para matarse —preguntó por fin—, si es libre para hacerse jesuita?
Pero no creí que hablara en serio. Por desgracia, así era. Pues a la mañana del día siguiente, subí a su tienda en la azotea y no encontré ninguna de las pertenencias de Khalid salvo un panfleto sobre el tema, «¿Es el suicidio un pecado?», y justo debajo del título el monosílabo la (no) y su firma.