“Luego me cuenta cómo perdieron su última cabeza de ganado. Una oveja excelente que era; que una noche olvidaron afuera; y el lobo, de visita por el pueblo, la ve atada a la morera, aúlla de alegría y se la lleva.
Y así la Muerte despoja a la pobre mujer de su hijo; América, de su esposo; el Shylock del pueblo, de su hogar; y el lobo, de su última cabeza de ganado. Y esto bastaría para envejezer incluso a una mujer espartana.
Tarde en la noche, después de haber relatado largamente sus penas, tres colchones —todos los que tenía— son colocados sobre la estera de paja uno cerca del otro, y la pequeña tuvo que dormir con su madre.
“Temprano por la mañana me despido de ellos y sigo mi camino hacia Amchit, donde está enterrada Henriette Renan, la hermana de Ernest. Tras una hora de caminata, el uadi aprisionado y sus gentes quedan ocultos atrás. Vuelo a respirar el aire libre de la vasta montaña; vuelvo a contemplar la franja de agua esmeralda en el horizonte, donde las baggalas y los saics, desde esa distancia, parecen palomas tomando el sol de la mañana. Cruzo el último arroyo, corono la última colina de mi viaje y he aquí que, al pie del brezal de suave pendiente, se extienden los huertos y las palmeras de Amchit. Más abajo está Yubayl, la antigua Biblos, que parece un amontonamiento de acantilados en la costa. ¡Adiós a las cumbres de la montaña y al árido desierto! Bienvenidos los fértiles llanos y las playas llenas de esperanza. En media hora llego al inmenso edificio —el primero o el último del pueblo, según se mire— que, desde lo alto de la colina, tomé por una fortaleza. Una estructura enorme, todavía en construcción, y de una arquitectura completamente diferente al tipo libanés convencional. Nada de un asunto plano y cuadrado, con tres arcos apuntados en la fachada y un tejado a dos aguas de tejas rosas; sino que aquí hay sillares esquineros, miradores, troneras, arcos rebajados y