Porque ya sea lamentando a Tamuz, o fabricando botellas de lágrimas, o comerciando con los galos y los británicos, los fenicios fueron siempre el mismo pueblo supersticioso, honrado, apasionado y enérgico. Y no olvidéis, vosotros que ahora gozáis del privilegio de plasmar vuestros pensamientos en palabras, que en estas costas de Siria el lenguaje escrito recibió su primer desarrollo.
“También se dice que descubrieron y navegaron por primera vez el océano Atlántico, mis fenicios; que trabajaron minas de oro en la distante isla de Tasos y abrieron minas de plata en el sur y suroeste de España.
En África, ya lo sabemos, fundaron las colonias de Útica y Cartago. Pero nos dicen que fueron más allá. Y según algunos historiadores, doblaron el cabo, circunnavegaron África. ¡Y según descubrimientos recientes hechos por un arqueólogo estadounidense, también debieron de descubrir América!
Pues en las ruinas de los aztecas de México hay vestigios de una lengua y religión fenicias. Esto, acerca del descubrimiento de América, no puedo, sin embargo, verificarlo con nada de Sanchoniatón. ¿Pero no podrían haber hecho este descubrimiento después de que el mencionado Sanchoniatón hubiera estirado la pata?
Y si lo hicieron, ¿qué podemos hacer nosotros, sus indignos descendientes, por ellos ahora? ¡Ah, si tan solo conociéramos el nombre de su Colón! No, no es práctico construir un monumento a toda una raza de gente. Y, sin embargo, merecen más que esto de parte nuestra, sus descendientes.
“Estos mercaderes de estaño y ámbar, estos fabricantes de vidrio y púrpura, estos creadores de una lengua escrita, dieron por primera vez el impulso a la actividad, el valor y la inteligencia del hombre.
Y esta actividad de la industria y de la voluntad no ha muerto en el hombre. Puede que haya muerto en nosotros los sirios, pero no en los