y en lo más hondo, indolencia y miseria humanas. No es más que un vulgar trato de caballos. Sí, en la Tierra de Tammany es esencialmente un negocio conducido honradamente según el principio conocido de la oferta y la demanda. Estas verdades tuviste que descubrirlas por ti mismo, según dices; pues ni el Diccionario, ni tu amigo y compañero de viaje en Bohemia, el señor Hoolihan, pudieron estirar su conocimiento o su conciencia hasta tal punto. ¿Y no te arrepientes de haber hecho tal descubrimiento? ¿Puedes pensar en la Dote y decir eso? Nosotros, en verdad, lo lamentamos por ti. Y con gusto insertaríamos en la letra D del Diccionario una nueva definición: a saber, Dote, s. f. (Jerga de la Tierra de Tammany). Los proyectiles malolientes, tales como huevos y tomates, que el pueblo arroja sobre un Orador-Novio.
Pero mirad qué grandes beneficios saca Jalid de estas pequeñas acciones de la Compañía de Valores de la Realidad. Recordáis, buen Lector, cómo fue echado a patadas de la puerta del Templo del Ateísmo. Los tabacos de aquel inspirado Portero eran divinos, según su manera de ver las cosas, pues eran en ese preciso momento las botas del mismo Dios. Sí, era Dios, repite a menudo, quien lo echó a patadas de la puerta del Templo de sus enemigos. Y ahora, él encuentra que la Dote de la Democracia, con todas sus maravillosas revelaciones, es tan provechosa en sus resultados como divina en su propósito. Y como prueba de ello, damos aquí una copia de su carta al Jefe O’Graft, escrita de ese modo directo de sus contemporáneos, cuyo original en inglés encontramos en la Histoire Intime.
«Muy Ilustre y Honorable Jefe: > > Acabo de recibir un cheque de su Tesorero que no me corresponde en absoluto, pues mis servicios ya han sido pagados por Aquel que sabe mejor que usted y que su Tesorero lo que merezco. La voz del pueblo,