“Ya sea que uno devore el conocimiento del mundo en cuatro años o en cuatro noches, el proceso de asimilación se ve igualmente obstaculizado si la mente está sellada desde el principio con el sello de la autoridad. Ay, no podemos tener demasiado cuidado con la ciencia dogmática en nuestra juventud; pues los dogmas a menudo bloquean ciertos canales del alma a través de los cuales podríamos haber alcanzado mayores tesoros y ascendido a alturas más puras. A un joven, por lo tanto, se le debe dejar en paz. Hay una posibilidad infinita de poder del alma en cada uno de nosotros, si puede desarrollarse libre, espontáneamente, sin disciplina ni restricciones. Hay también una posibilidad infinita de belleza en cada alma, si puede ser evocada en un momento propicio por la palabra adecuada, la voz adecuada, el toque adecuado. Es por eso que digo, Sigue tu camino, oh, Hermano mío. Sé simple, natural, espontáneo, valiente, libre. Ni te adelantes a tus años, ni te atrases cual niño detrás de ellos. Pues en verdad, es tan ridículo teñirse el cabello de blanco como teñirlo de negro. Ah, sé necio mientras seas joven; nunca es demasiado tarde para ser sabio. Mima tu fantasía, sigue la inclinación de tu mente; porque al hacerlo no puedes hacerte más daño del que los disciplinarios pueden hacerte. Vive tu propia vida; piensa tus propios pensamientos; sigue desarrollándote y cambiando hasta que llegues tú mismo a la verdad. Una onza de ella encontrada por ti es mejor que una tonelada regalada por alguien que querría esclavizarte. Sigue tu camino, oh, Hermano mío. Y si mis palabras te conducen a Yahannam, vaya, habrá una gran sorpresa para ti. Allí contemplarás a nuestro Hacedor sentado en un glaciar llameante esperando a alguien como tú. Y te tomará en sus brazos
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En el crepúsculo de una idea
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