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nydus/The Book of KhalidPublic
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VI. La tarde de verano de una farsa

La tarde de verano de una farsa

Durante dos años y más, la joven mente de Khalid fue saltando de un columpio a otro, de un tiovivo o un tobogán al siguiente, sin tener ningún propósito especial en mira, sin saber el porqué ni el para qué.

Llegó a adentrarse en tales laberintos de la filosofía, en tales laberintos de misticismo, que dejaban a los de los gramáticos árabes a la sombra. Para él, la educación era un deporte, cultivado con espíritu libre y a su capricho, sin método ni disciplina.

Durante dos años y más no hizo casi otra cosa que deambular de este modo, mientras iba gastando sus ahorros en el banco y quemando panfletos.

Un día pasa por una librería de lance situada en el panal financiero de la ciudad, muy cerca de una iglesia y a tiro de piedra de la Bolsa. El dueño, un venerable desaliñado, de pie allí, con la pipa en la boca, entre montones de panfletos y pequeñas pirámides de libros, atrae a Khalid. Él también ocupa un sótano. Y además se parece al Profeta del grabado que fue quemado junto con La edad de la razón de Tom Paine.

Nada hay que reprocharle al rostro, al menos. Una barba fluida, dentada, lechosa, con un toque de oro alrededor de la boca; una nariz aguileña; ojos azules hundidos bajo cejas desgreñadas; una frente ancha y alta; una coronilla algo desaliñada pero totalmente desprovista de pelo: ¡el profeta Jeremías! Tan solo una cosa, una pipa de arcilla que rara vez se quitaba de la boca salvo para vaciarla y rellenarla, parecía restarle solemnidad profética al rostro. Por lo demás, es tan sombrío y arisco como el Profeta. En su voz, sin embargo, hay una dulzura flexible que las duras líneas de su rostro no expresan.

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