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nydus/The Book of KhalidPublic
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I. Sonda en lo trivial

en su Autobiografía que realmente podía disfrutar, y a menudo lo hacía, de una partida de cartas por la noche. Y Rousseau, con una pasión supurante, nos susurra en sus Confesiones que llegó a besar la ropa de la cama de Madame de Warens cuando estaba a solas en su habitación. Y Spencer dedica páginas enteros en su aburrida y pesada historia de sí mismo a narrar la importantísima narración de su constante indisposición⁠—a asegurarnos que su mala salud amenazó más de una vez la poderosa tarea que tenía entre manos. Estas son, sin duda, revelaciones importantísimas. Pero Jalid aquí pierde la pista. La inspiración no parece acudir a él a la manera de las luciérnagas.

Bien habría hecho, en verdad, de haber estudiado el método de los escritores profesionales de Memorias, especialmente los de Francia. Pues, ¿acaso no habría podido discurrir entonces deleitosamente sobre El romance de mi alfiler de corbata, La tragedia de mi sombrero, El escándalo de mi franela roja, La conquista de mis calcetines de seda, Las aventuras de mi esmoquin y cosas por el estilo? Pero Jalid es modesto únicamente en lo que concierne al yo exterior. Escribió sobre otros romances y otras tragedias. Y cuando su Genio no está bailando la danza de los siete velos, o bien coquetea con los monjes de las colinas del Líbano o le prende fuego a algo en Nueva York.

Pero esto no le satisface del todo al actual Editor, quien, a diferencia del Autor del manuscrito de la Biblioteca Jedivial, debe tener presente al lector. Está muy bien esforzarse por desentrañar algunos de los misterios de la propia palingenesia, ¿pero por qué ocultarnos su origen? Pues ¿no es acaso importante, no es al menos costumbre, que quien escribe su propia historia expatrie primero sobre el humilde origen de sus antepasados y la distante y oscura fuente de su genio? Y habiendo hecho esto, ¿no debería contarnos luego cómo se portó en su infancia; si hizo o no tobilleras con la masa de su madre para su hermanita; si no encendió el fuego con el Corán de su padre; si no caminó bajo el arco iris e intentó alcanzar su extremo en la cima de la colina; y si no escribía versos cuando apenas tenía cinco años de edad?

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