Aun en al-Hayat Najib se ha vuelto popular. Jalid suele venir aquí llevándolo a la espalda. Y cuán dispuesto está el niño a saludar a todo el mundo, y con ambas manos, mientras se para en los escalones de la veranda.
—Ciertamente —dice Jalid—, hay un entendimiento más profundo entre el hombre y el niño que entre el hombre y el hombre. Porque, ¿quién sino un niño se atrevería a actuar con tanta libertad entre estos políglotas de la ceremonia en este pequeño mundo de volantes, vestidos y plumas? ¿Quién sino un niño se atrevería a acercarse sin presentación a cualquiera de estos turistas de aspecto solemne? He aquí, pues, la fuente divina de la alegría más dulce y pura. He aquí ese único toque de Naturaleza que emparenta al mundo entero. Pues el niño, aunque pertenezca a la tribu más humilde del desierto, de pie en la veranda de un hotel de moda, puede calentar y endulzar con la llama divina que hay en él los corazones de estos turistas de aspecto agrio y rígido que provienen de todos los rincones de la tierra. ¿No es esto un milagro? Mi profesor de psicología dirá: «No».
¿Pero qué hace dar un vuelco al corazón de aquel grave y corpulento caballero, que bien podría ser de Finlandia o de Islandia, por lo que a mí respecta, cuando la mano de Najib se alza hacia él en señal de saludo? ¿Qué hace que aquella distinguida y sombría dama abra los brazos cuando Najib corta una flor y, tras olerla, se la ofrece? ¿Qué hace que aquel anciano taciturno, meditativo y de dura faz, que según creo es psicólogo, qué hace que se muestre tan interesado en observar a Najib cuando este se detiene junto al piano señalando con ansiedad el teclado? Pues al niño no le gusta cualquier tipo de música: tóquese una marcha o una melodía y marcará el compás, inclinándose alegremente de un lado a otro y agitando la mano en arco como un maestro; tóquese algo insípido o caótico y permanecerá allí impasible como una estatua.
Y «el anciano taciturno de duro semblante», que resulta ser un profesor americano de alguna disciplina, le explica a Jalid por qué la música