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nydus/The Book of KhalidPublic
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IV. En la carretera abierta

“Pero después de saber algo del extranjero peregrino, especialmente que había estado en América, su Excelencia suaviza la severidad de su expresión y manifiesta una curiosa complacencia. Quisiera saber muchas cosas de aquel lejano país; sobre todo acerca de un Sindicato de Minería de Oro, o Estafa de Minería de Oro, en el cual invirtió unas cuantas cientos de libras de su fortuna. Y yo le replico: «Nada sé de minas de oro ni de sindicatos, Excelencia; pero se me ocurre que, si hubiera oro en tales proyectos, los americanos, con lo esquilmadores y ávidos que son, no dejarían que llegara a Siria». «En verdad, así es», murmura pensativo; «en verdad, así es». Y dando palmadas para llamar al zabtie sirviente —los mudirs y kaimakams del Líbano hacen que estos zabties, cuya obligación es entregar notificaciones, sirvan también en sus hogares—, me manda preparar una taza de café.

Y quejándose aún más conmigo, maldice a América por robarle al país sus hombres y trabajadores.⁠—«Ya no podemos encontrar arrendatarios para nuestras haciendas, a pesar de que reciben más ingresos que nosotros. El shreek (socio), o arrendatario, con razón es llamado así. Pues el dueño de una hacienda que rinde cincuenta libras, por ejemplo, apenas recibe la mitad; mientras que el shreek, aquel que labra y cultiva la tierra, se lleva la otra mitad, resoplando y protestando además. A decir verdad, los arrendatarios de tierras no están tan bien en ninguna parte. Y si la tierra tan solo rinde una porción considerable, cualquiera con un ápice de la energía de esos americanos preferiría ser un shreek antes que un propietario de bienes raíces».

Así, su Excelencia, quejándose de los tiempos, lamentando sus pérdidas, maliciando de América y de sus minas de oro; y habiendo terminado, deja caer la boquilla del narguile de su mano y se adormece en el diván.

“Medito entretanto sobre el Tiempo, que contempla en una ciudadela de los antiguos fenicios, al cabo de muchos milenios, esa misma propensión al oro, ese mismo instinto por el comercio.

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