“La ropa blanca,” dice Shakib, “era siempre tan blanca como el ala de una paloma, cuando Im-Hanna estaba con nosotros.”
Y en el manuscrito de la Biblioteca Jedivial encontramos esta curiosa nota sobre ese popular plato sirio de lentejas y aceite de oliva.
«Mujaddara», escribe Khalid, «ejerce un efecto maravilloso sobre mi humor y mis nervios. Hay ciertos platos que, lo confieso, me ponen melancólico. De entre ellos, aborrezco sobre todo las berenjenas fritas y la col cocida con carne salada al estilo americano de cocción, es decir, pasada por agua. Pero la mujaddara tiene un efecto tan calmante sobre los nervios que induce a la alegría, especialmente cuando se acompaña de cebolla cruda o puerro. Tras una buena fuente honda de peltre de este delicioso plato y una docena de puerros, siento como si pudiera hacer el trabajo de toda la humanidad. Y me hallo entonces en un estado mental tan beatífico que compartiría con toda la humanidad mi saco de lentejas y mi puchero de aceite de oliva. No me extraña la extravagancia de Esaú al ver un humeante guiso de esto. Pues ¿qué es un primogenitura en comparación?».
Que Shakib