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nydus/The Book of KhalidPublic
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Al-Khatimah

que la gran Celebridad había dicho que había pus, aunque no hubiera indicios de ello, convence a Khalid de que si el niño no se beneficia con la operación no puede sufrir por ella más de lo que está sufriendo ahora.

El cirujano llega con sus ayudantes. Al pequeño Najib lo acuestan en la mesa; le aplican la compresa de cloroformo; los bisturíes, el algodón, las palanganas de agua caliente y otros accesorios se los pasa un médico a otro.

Comienza El Cortador.

  • Shakib está allí observando con los demás;
  • Najma está en una habitación contigua llorando;
  • y Khalid va y viene por el pasillo, con las cejas humedecidas por el sudor frío de la angustia y la incertidumbre.

No hay pus entre el cuero cabelludo y el hueso: se le entregan el martillito y el cincel al Cirujano. Uno, dos, tres⁠—el niño profiere un débil grito; se aplica de nuevo la compresa de cloroformo⁠—; cuatro, cinco, seis, y el séptimo golpe del martillito abre el cráneo. El Cirujano penetra entonces con su catéter, registra minuciosamente el cerebro⁠—aquí⁠—allá⁠—arriba⁠—abajo⁠—y por último levanta el instrumento ante sus ayudantes para mostrarles que ¡no hay pus! «Si lo hubiera⁠—dice⁠—, está más allá del alcance de la cirugía». La herida, por lo tanto, se lava rápidamente, se cose y se venda, mientras todos se preguntan cómo el gran Celebérrimo puede estar equivocado.⁠ ⁠…

El pequeño Najib permanece bajo los efectos de la anestesia durante dos días; durante dos días está en trance. ¡Y al tercero, la fiebre sube hasta la línea de peligro y vuelve a descender, solo después de que él hubiera estirado su bracito y dado su último suspiro!

Y Jalid y Nayma y Shakib se lo llevan al desierto y lo entierran en la arena, cerca de la tienda en torno a la cual solía jugar. Allí, donde dio su primer

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