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nydus/The Book of KhalidPublic
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VI. Volantes y olanes

anhelar unas cuantas piezas de descripción de los encantos de Najma. Amable Lector, esta Obra no es ni una Novela, ni un Pasaporte. Y sentimos enormemente no poder deciros nada sobre el color y el tamaño de los ojos de Najma; la forma y las curvas de sus cejas y labios; los tintes y matices de sus mejillas; y la longitud exacta de su talle y su cabello. Shakib nos deja a oscuras sobre estos elementos esenciales, y nosotros debemos necesariamente dejaros a vosotros igual. Nuestro Escriba cree que lo ha dicho todo cuando habla de ella como de una hurí. Pero este título paradisíaco entre nuestros escritores árabes y hacedores de versos ha llegado a ser peor que las condecoraciones del Medjidi del Sultán. Se otorga por igual a cualquier fregona y ramera que a los muy pocos que realmente lo merecen. Cataloguémoslo, por tanto, junto con las condecoraciones del Medjidi y sigamos adelante.

Pero Jalid, que ha visto suficiente de la feria, no se habría sentido atraído por Nayma, ni embelesado por ella, si no estuviera dotada de aquellos tesoros celestiales que se sitúan por encima de las líneas visibles de la belleza.

Nuestro Escriba habla de la “pureza y la ingenuidad de su alma como las fuentes más puras de felicidad e inspiración”.

En efecto, de no ser constante en el amor, no habría desdeñado las muchas oportunidades durante la ausencia de Khalid; y de no poseer un agudo sentido de discernimiento del verdadero valor, no se habría entregado a su pobre primo marginado; y si no fuera intuitiva y sobrenaturalmente sabia, no se casaría con un enemigo de los jesuitas, portador además de unos pulmones infiltrados y una tráquea encogida.

—Tiene una gran ventaja tener un marido enfermizo —le dijo una vez a Shakib—, pues adoctrina a la mujer en las virtudes celestiales de nuestra Madre Virgen, en la paciencia, la resistencia y la compasión, en la caridad, la magnanimidad y el amor puro.

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