—Dios oiga tu ruego —contesto—. Y nos separamos entre lágrimas.
Aquí Jalid prorrumpe en éxtasis sobre el reino espiritual superior, y discurre con algo de lógica sobre el yo y el no-yo, la Realidad y la no-realidad.—«Dios», dice el Ermitaño. «El Pensamiento», dice el Idealista, «esa es la única Realidad». ¿Y qué es el Pensamiento, y qué es Dios, qué es la Materia y qué es el Espíritu? Son los vasos misteriosos de la Vida, que el Amor siempre está llenando y la Lógica vaciando. «El mundo exterior», dice el Materialista... «No existe», dice el Idealista. «Da igual que exista o no», dice el Ermitaño. ¿Y si los tres estuvieran equivocados? El Universo, cognoscible e incognoscible, ¿se verá afectado en lo más mínimo por ello? Si la Cátedra de Lógica y Filosofía del Profesor Alemán se instalara en la Ermita, ¿se ganaría o se perdería algo? Que el yo niegue las estrellas, y aun así rodarán en silencio sobre él. Que el no-yo aplaste a este yo, a esta «caña pensante», y el yo universal superior, elevándose por encima de las estrellas e inundando de luz los cielos siderales,