sobre su teoría de la moralidad inmanente. Se sienta en uno de esos bancos, que son los anclas de los vagos de otra laya, con su manojo de papeles al lado, y observa a las muchedumbres enloquecidas que van y vienen, corriendo, por así decirlo, entre dos fuegos.
Estas personas arrugadas son las cámaras vivas y móviles de almas durmientes.
Khalid se alegraba siempre de venir a esta Oficina del Registrador. Pues aunque el estudio de títulos de propiedad sea un trámite mortal, el margen de holgura de la jornada laboral podía alargarse imperceptiblemente, y sin poner en peligro sus intereses ni los de su patrón.
El siguiente fragmento de fantasía especulativa y perspicacia debió de haber sido ideado cuando tendría que haber estado buscando títulos de propiedad.
“Este Registro Civil”, está escrito en el MS. de K.L., “es el baluarte mismo de la Sociedad. Es el cimiento sobre el que se levantan las Compañías Fiduciarias, los Tribunales y las Cárceles.