Así nuestro Escriba, disculpándose.
Pero tras el primer contacto y las vibraciones de entusiasmo y halago que le siguieron, Khalid recupera el equilibrio y la razón, y aborda su tema favorito.
Empieza por impugnar el espíritu utilitarista de Europa, el rancio materialismo que está invadiendo nuestros propios templos de adoración. Dios, la Verdad, la Virtud, ya no son estimados por su propio valor, sino por lo que pueden rendir de las necesidades y lujos de la vida.
Y con estas abominaciones cínicas y materialistas serían supremos aun en el Oriente; extinguirían con su espíritu comercial dominante toda noble virtud del alma. Y sin embargo, presumen de introducir la civilización mediante una asimilación benévolo, más bien disimulación.
Pues incluso un inglés en nuestro país, por ejemplo, no es como en el suyo. El estadounidense, también, que habla a voz en grito sobre la democracia y la diplomacia de mangas de camisa, halaga y se arrastra tan bien como el más astuto de nuestros pachás. Y además exclama:
“No es, por tanto, a la Europa cristiana representada por el Estado, ni por los poderes industriales de la riqueza, ni por los encantos seductores de la decadencia en el arte y la literatura, ni por las instituciones misioneras y educativas, a la que yo quisiera que mirasen en busca de luz y guía.
No: de estas plagas de la civilización protégenos, ¡Alá!
No: no queramos saber nada de ese cristianismo práctico que se ha convertido en una especie de llave maestra divina para la colonización; una ceca, por decirlo así, que reabastece continuamente los tesoros de la Cristiandad. No queramos saber nada de sus propagandas para la propagación de supremas Falsificaciones.
No, no. Esta Europa, oh, hermanos míos, no debemos tomar por modelo ni emular: no la Europa que está siendo desreligiosizada por la Ciencia