todas las partes interesadas—el muftí, el valí, los diputados de la Sacra Sociedad y el orador—, se fijó un día para el gran discurso en la gran mezquita de los Omeyas.
Mientras tanto, el descarado Oficial, el halagador Político y el Derviche imberbe son agasajados con banquetes por los personajes y funcionarios de Damasco. El Vali, el Muftí, Abdalá Pachá —aquel que posee más de cuarenta aldeas y tiene a más de cinco mil valientes a su entera disposición—, estos y otros de menor rango compiten entre sí para honrar a los distinguidos visitantes. Y después del banquete, mientras Ahmed Bey se retira a una habitación privada con su anfitrión para discutir la situación política, Jalid, para escapar de la torturadora curiosidad de los aburridos y los entrometidos de la noche, sale al patio abierto y, bajo un naranjo, junto a la fuente de aguas murmulluras, vuelve a respirar quietud