Tales chismes y curiosidad, sin embargo, por mucho grado de salvaje vulgaridad que alcancen, son del todo inofensivos. Pero me sentí algo inquieto por él cuando oí a la gente preguntarse unos a otros: «¿Por qué no viene a la iglesia como la gente honrada?». Y pronto descubrí que mis temores estaban bienfundados; pues las preguntas llegaron a los oídos de Jalid, y el fuego chisporroteó bajo el techo del hogar. El padre manda; la madre ruega; el padre objurga, amenaza, maldice la fe de su hijo; y la madre, postrándose ante la Virgen, llora, reza y se golpea el pecho.
¡Ay, y mi Jalid? sale a la terraza a buscar en el Vivero su Planta favorita. No, no la encuentra; zarzas hay allí y maleza nociva en abundancia. La espinosa y amarga realidad que ahora debe afrontar, y, debido a su falta de savoir-faire, verse finalmente derrotado por ella. Pues el resultado de las muchas disputas que tuvo con su padre, de nada valiendo los ruegos y lágrimas de la madre, no fue ni más ni menos que el destierro. O vas a la iglesia como yo, o te largas de esta casa: este fue el ultimátum de Abu-Jalid. Y no hace falta decir qué alternativa eligió el hijo.
“Todavía recuerdo lo agitado que estaba cuando vino a hablarme de la brecha fatal. Sus palabras, que me arrancaron lágrimas de los ojos, también las recuerdo.
—Sin hogar estoy otra vez —dijo—, pero no sin amigos. Pues además de Alá, los tengo a ustedes. —Oh, esta opresión en el pecho va a matarme. Siento que mi tráquea se estrecha cada día más. Al menos, mi padre está haciendo su mayor esfuerzo para poner las cosas tan difíciles y estrechas. —Sí, habría venido ahora a despedirme de ustedes, si no fuera porque todavía tengo en esta ciudad algunos asuntos importantes. En los cuales les pido ayuda. Ya saben cuáles son. A menudo les he hablado de mi prima Najma, la única estrella en mi cielo. Y ahora, quisiera saber qué significado tiene para mí. No, no puedo