Presagios
“En la mañana del día señalado —según consta en la Histoire Intime—, me encontraba en la habitación de Jalid escribiendo una carta, cuando entra Ahmed Bey para conferenciar con él. Permanecen juntos un buen rato, durante el cual pude oír a Jalid gruñir y a Ahmed Bey susurrar suavemente: «Pero el Dustur, los unionistas, la Madre Sociedad», siendo este el estribillo de su discurso. Cuando se marcha, Jalid, con el ceño fruncido, camina de un lado a otro de la habitación diciendo: «Me tratarían como a un escolar; querrían que hablara según las normas y conforme a sus propios dictados. Incluso esparían mis palabras y acciones como si fuera un enemigo de la Constitución. No; que busquen a otro. Los oradores serviles en este país abundan como las moscas en verano. Después de que pronuncie mi discurso hoy, Shakib, tomaremos el primer tren a Baalbek. Quiero ver a mi madre. ¡No, billah! No puedo ir más lejos con estos turcos. Venga, lee esto». Y me entrega el memorándum, o esquema del discurso que le había dado Ahmed Bey”.
Y esto, según sabemos, es una letanía de alabanzas, que comienza con Abdul Hamid y termina con los ulemas de Damasco; letanía que los diputados de la Sociedad pondrían en boca de Khalid por el bien de todos los interesados.
Ay, por su propio bien también, si tan solo lo supiera. Si tan solo mirase atrás, habría cedido un ápice, este Khalid.
El abismo profundo que se abre entre él y el Diputado, sin embargo, justifica la conducta de cada cual por su lado: la falta de agallas en el uno y la falta de profundidad en el otro hacen imposible cualquier tipo de entendimiento entre ellos.