si sirve al elevado propósito de su fundador. Y son falsas, todas ellas, cuando sirven al bajo propósito de sus sumos sacerdotes. > > Tomad la más baja de las tribus árabes, por ejemplo, y encontraréis en su espíritu truculento un rastro de fe sublime, aunque solo se manifieste a veces. Los beduinos, errantes y rapaces, homicidas y ladrones, son en su tienda de pelo de cabra los más amables anfitriones, los hombres más nobles y generosos. Reciben al caminante, aunque sea un enemigo, y este come, bebe y duerme con ellos bajo el mismo techo, con la seguridad de Alá. Si una religión hace a un salvaje tan bueno, tan amable, ha cumplido bien su propósito. > > En cuanto a mí, admiro la gran pasión tanto en el Arriero como en el Carpintero: la grandeza bárbara, la magnanimidad y la fidelidad del árabe, así como la espiritualidad sublime, la belleza divina del Nazareno, me inspiran profunda reverencia. Y en cierto sentido, el uno es el complemento del otro: ambos combinados son
Y ahora descendemos del carro del empíreo en el que cabalgamos con dioses y apóstoles, para entrar en uno tirado por corceles mortales.
Salimos a dar un paseo en carroza y descendemos en el olmedo, para deambular por sus sombras, a lo largo de sus arroyos.
Pero desviándonos de un sendero a otro, entramos sin darnos cuenta en la vista eterna del amor.
Allí, sobre un peñasco bañado por la corriente murmullante, a la sombra de los chopos de penachos plateados, Khalid y la señora Gotfry se sientan a descansar.