La lapidación y la huida
—Y de dónde proviene el sutil estremecimiento de alegría al sufrir por la Verdad —pregunta Khalid—? ¿De dónde brota la luz que emana de las heridas de los mártires? ¿De dónde surge el arrebato que triunfa sobre su dolor?
En plena noche, por los recovecos de las montañas, sobre sus cumbres áridas, descendiendo por el uadi del olvido, pasan silenciosamente. Y sueñan. Sueñan con la aparición en la desaparición; con el triunfo en la rendición; con los amaneceres en el atardecer.
“Una poderosa marea deja muy alto en la playa una marca que más tarde se convierte en el nivel general del océano. Y lo mismo hacen los grandes pensadores del mundo: los poetas y videntes, los sabios, fuertes y abnegados, los pregoneros de la Religión del Hombre. Y yo no soy más que un roble enano en este bosque de gigantes, mis Hermanos. Un roble enano al que podríais derribar, pero no arrancar de raíz. Cortad mis ramas; aplicad el hacha a mi tronco; haced de mi madera carbón para los incensarios de vuestros templos de culto; pero mis raíces son profundas, muy profundas en la tierra, más allá del alcance de las manos mortales. Incluso se están extendiendo bajo vuestros tambaleantes palacios y templos. …
“Sueño con el despertar de Oriente; de naciones orientales pujantes que se alzan para glorificar la Idea, para construir templos al Espíritu Universal —al Arte, y al Amor, y a la Verdad, y a la Fe.
¿Y si me pierdo en los recovecos de las colinas, si desaparezco para siempre en la noche?