“Pero considera que la Ciencia, en el curso del análisis psicológico, habla de Cristo, Napoleón y Shakespeare como pacientes.
Tales estados exaltados del alma, tal actividad de la mente, tal exuberancia de fuerza espiritual, no son sino los resultados de la transformación del Yo en el sujeto, según se nos dice, y esta transformación tiene sus raíces en el organismo.
Pero ¿por qué, pregunto, ha de haber un abismo tal entre los individuos, una diferencia tal en sus Yos, cuando una diferencia en el organismo es una minucia en comparación?
¿Cómo dar cuenta del flujo y reflujo en las almas, o digámoslo así, en la expresión de las individualidades, de Mahoma el Profeta, por ejemplo, y Mahoma el boyero?
¿Y por qué en estados psicológicos que son similares, la conciencia del uno es como la cima de una montaña, por decirlo así, y la del otro como una cueva?
“Un soldado es gravemente herido en el combate y se produce un cambio en su organismo nervioso, en virtud del cual pierde su conciencia orgánica; o, para hablar en la fraseología del psicólogo, pierde el sentido de su propio cuerpo, de su personalidad física.
La causa de este cambio es probablemente la herida recibida; pero la naturaleza del cambio solo puede explicarse mediante hipótesis, que se han convertido en cuestiones de elección y gusto—y a veces de interés personal entre los científicos.