que ambas cosas, vio, mientras yacía en la tumba, una estrella en el cielo. Era la primera vez que veía una estrella; y saltó de su tumba de arena exultante por el descubrimiento que había hecho. Corre hacia su madre y le señala la estrella. …
Y así pasó Jalid sus meses dorados en el desierto. He aquí una arcadia, perfecta pero breve. Pues su deleite en la adoración del infante, y en el nuevo Amor que brotaba en belleza y profusión, y en cuidar a su prima enferma que recuperaba la salud, y en los paseos por las ruinas del desierto con su más querido camarada y amigo—estos, ay, eran goces de una naturaleza demasiado pura para perdurar.