más elevadas las aspiraciones, mejores los dioses. De ahí el feo fetiche de una tribu salvaje, y la hermosa mitología de una Civilización Griega. Cambiad, por tanto, las necesidades y aspiraciones de los americanos, y habréis cambiado su culto, su Deidad nacional, e incluso su Gobierno. Y creedme, este cambio se avecina; la gente se cansa de sus dioses como de cualquier otra cosa. Sí, llegará el tiempo en que el hombre en esta América no sufrirá por no ser un buscador, amante y defensor del Dólar.
“La obediencia, al igual que la fe, es un don divino; pero solo cuando proviene del corazón: solo cuando surge del amor y la sinceridad es divina. Si, sin embargo, no puedes venerar aquello a lo que obedeces, entonces, te digo, retendrás tu obediencia. Y si prefieres cambiar tu identidad o tu ego por la moneda falsa de una ideología, ese derecho es tuyo. Pues bajo una Constitución liberal y en un Gobierno libre, también tienes la libertad de vender tu alma, de abrirle una cuenta bancaria a tu conciencia. Pero no culpes a Dios, ni al Destino, ni a la Sociedad cuando, tras hacer esto, te descubras hermano del buey. En esto, nosotros los orientales diferimos de los europeos y americanos; jamás se nos corrompe para que obedezcamos. Obedecemos ya sea por veneración y amor, o por miedo. Somos adoradores del poder o cobardes, pero nunca, nunca comerciantes. Podría decirse que las masas en Oriente son esclavas ciegas, mientras que en Europa y América se han convertido en rebeldes ciegos. Y, cuando uno está ciego, ¿cuál es la mejor parte del valor: la sumisión o la revuelta? …
«No; el sufragio popular no ayuda al individuo que sufre, ni conduce a una moralidad mejor y más elevada.