nosotros tenía una cuenta bancaria y una chequera que rara vez usábamos. A pesar de lo cual, seguimos cargando con la caja de buhonero y caminando de un lado para otro. Y Jalid me decía: «Un buhonero es superior a un mercader; viajamos y ganamos dinero; nuestros compatriotas los mercaderes se oxidan en sus sótanos y lo pierden». Sin duda, la buhonería en los buenos viejos tiempos era de lo más atractiva. Pues el ejercicio, la ganancia, la experiencia, estas son adquisiciones ricas”.
Y tanto Shakib como Jalid, según tememos, han sido hasta ahora de hábitos de lo más moderados. El hecho de que rara vez utilicen sus chequeras da fe de ello. Ahora tienen a una buhonera, Im-Hanna de nombre, que ocupa su sótano en su ausencia y mantiene lo poco que tienen en orden. Y cuando regresan cada sábado por la noche de su viaje de venta ambulante, encuentran a la anciana tan dispuesta a servirlos como una madre. Les cocina mujaddara y cose las sábanas a los edredones como se hace en la madre patria.