Pues, al igual que nosotros, tienen sus modas en el vestir; su habla peculiar; sus propios medios ocultos de intelección y, hasta cierto punto, de imaginación: mas volantes no tienen, no los conocen. Estos son lujos que el Hombre tan solo disfruta.
“Ah, Hombre—tú, hijo y esclavo de Alá, según mis Profetas Orientales del Cielo; tú, simio ensalzado y apoteosizado, según mis Profetas Occidentales de la Ciencia;—cuánto puedes sufrir, cuánto puedes soportar, bajo qué presión y en qué profundidades de Jahannam puedes vivir; pero de tus volantes no puedes prescindir ni por un día, ni por una sola doceava parte de un día. Incluso en tu sufrimiento y en tu dolor, el espíritu angustiado va envuelto, vendado, envuelto en faralaes. Es calmado con los volantes de las caricias de tu dama, y las entonaciones festoneadas de su voz suave y balsámica. Se le engaña para que recobre la salud mediante los malolientes volantes del boticario y los faralaes medicinales del doctor.
“Ay, vivimos en una economía fantasmagórica y cicloremática de volantes y faralaes. El espíritu humano rehúye la desnudez como rehúye el dolor. Hasta vuestro moderno predicador de la Vida Simple sugiere a lo sumo el uso moderado de volantes. … En verdad, podemos sufrirlo todo, absolutamente todo, salvo la realidad desnuda y fea. Ay, ¿no he escuchado durante años lo que tomaba por la voz fuerte y pura de la Verdad desnuda? ¿Y no he descubierto, para mi asombro, que la supuesta Desnudez científica no es sino una costra gruesa y endurecida bajo la cual se oculta la Mentira. ¿Para qué despojar al Hombre de sus apéndices lujosos, de sus santidades adventicias, si en su lugar le vais a dar solo unas pocas yardas de género burdo? No, os lo digo; esto no se puede hacer. Vuestras zarzas y setos de espinos seguirán creciendo y lozanos, incluso ocultarán a vuestra vista el Templo en la Arboleda, hasta que el gran Pino vuelva a levantarse para atrofiarlos y, en última instancia, extirparlos.
«He aquí, mientras tanto, cómo el mundo desfila con holanes ante nosotros. Qué fantasmagoría tan desconcertante es esta: un auténtico