no consentirá la apoteosis del Hombre a menos que este lleve en el pecho el símbolo de su rabo. … Au-revoir, Monsieur Pascal, salúdeme de mi parte
“Oh, Jeremías,
“Tu retrato, sentado entre las ruinas de la Ciudad de Sión, conmueve mi alma. Por qué, no lo sé. Quizás sea porque yo mismo me senté una vez en esa postura entre las ruinas de mi Ciudad natal de Baal. Pero las ruinas no me entristecieron tanto como el tío que me cerró la puerta en las narices aquella noche. Es verdad que lloré entre las ruinas, pero no por ellas. Algo más había pinchado las vejiguitas de mis lágrimas. ¿Y quién sabe quién pinchó las tuyas, oh Jeremías? Tal vez una hija de Tamar te había clavado un punzón en el ojo, y al lamentar tu propia suerte... Perdóname, oh Jeremías. No me gustan tantas lágrimas tuyas. Ni a Sión y sus hijos en Yahannam, estoy seguro. … En vez de un rollo en tu mano, quisiera que sostuvieras un arpa. Desde el rey David, Alá no ha pensado en dotar a sus profetas de talento musical. Vaya, piensa en lo que un profeta honesto podría lograr si su mensaje se pusiera en música. Y además, si él mismo pudiera cantarlo. Sí, nuestros Jeremías modernos deberían tomar clases de música; pues no importa cuán profundos y punzantes sean nuestros dolores, siempre podemos elevarnos de ellos, arpa en mano, hacia un éxtasis, gozoso y divino”.
Ahora bien, conecten esto con lo siguiente de la Histoire intime, y tendrán la historia completa de este Profeta en el sótano de Khalid. Pues el propio Khalid nunca nos da los datos del caso. Nuestro Escriba, sin embargo, no se queda corto en esto.