por su propio bien le aconsejé que retomara la caja de buhonero. Le recordé aquella frase suya: ‘La buhonería es un negocio saludable y lucrativo’. ‘Sal –le insistí–, aunque sea por hacer ejercicio. Caminar es la piedra de afilar del pensamiento’”.
“Una noche discutimos sobre esto, y Im-Hanna se puso de mi parte. Reprendió a Khalid diciéndole: ‘Eres un holgazán bueno para nada; no te mereces la mujaddara que comes’. Y recuerdo cómo me llevó Aparte esa noche y me susurró algo sobre los libros, la cabeza de Khalid y Mar-Kizhayiah. De hecho, Im-Hanna creía firmemente que debían llevar a Khalid a Mar-Kizhayiah. No sabía que Nueva York estaba llena de instituciones así. Sus regaños, sin embargo, parecieron surtir más efecto en Khalid que mis razonamientos. Y accediendo a salir conmigo, se levantó a la mañana siguiente, bajó toda su mercancía del estante, hasta el último artículo —no dejó nada allí— y lo empaquetó todo en su caja de buhonero. Luego metió a presión en el cajón inferior, que había llenado de escapularios, la botella con un poco de la Cosa dentro. Pues estábamos de acuerdo en esto: que en Nueva York