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nydus/The Book of KhalidPublic
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VI. Volantes y olanes

“Sí, corazón mío, tendrás lo que deseas. Pero en el desierto no puedes llevar estos vestidos. Los árabes se reirán de ti. Pues las mujeres allí solo llevan muselina sencilla teñida de añil”.

«Entonces, no tendré más que un vestido de seda azul cielo para la boda».

“Desde luego, mi Corazón. Y los volantes serán tantos y tan largos como los desees”.

Y mientras le hacen el vestido azul cielo de muchos volantes, Khalid, inspirado por los comentarios de Najma sobre su cabello, se explaya con entusiasmo sobre faralaes y volantes. De esta llamativa pieza de fantasía, en la cual hay destellos de la gran Verdad, destacamos lo siguiente:

¿Qué podéis hacer sin vuestros faralaes? ¿Cómo podéis vivir sin vuestros volantes? Ay, ¿cómo podéis, sin ellos, pensar, hablar o trabajar? ¿Cómo podéis comer, beber, caminar, dormir, orar, adorar, moralizar, sentimentalizar o amar sin ellos? ¿No estáis acaso abrujadados y con volantes cuando veis por primera vez la luz, y abrujadados y con volantes cuando veis por última vez la oscuridad? La cuna y la tumba, ¿no son acaso el primer y el último volante del Hombre? ¡Y entre ellas, qué despliegue panorámico de faralaes! ¡Qué bordes visibles, limpios y atractivos de enaguas comunes, sucias e invisibles! Mirad vuestros enormes y elaborados monumentos, vuestros suntuosos sepulcros, ¿qué son sino los volantes de vuestros triunfos y derrotas? Los faralaes de mármol, estos, de vuestros cementerios, vuestros Panteones y vuestras Abadías de Westminster. Y qué son vuestros campanarios, agujas y carillones, vuestros altares, retablos y cosas por el estilo, sino los volantes santificados de vuestras iglesias. No, estas no son santidades enteramente adventicias; ni crecimientos vanos y superfluos. Están incorporadas a la Vida por el Tiempo, y crecen en importancia a medida que nuestra Estética se vuelve más inútil, a medida que nuestras Religiones empiezan

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