Baile de Disfraces de la raza humana.
Védlos pasar:
- el Papa de la Cristendad, con sus tres coronas y pesadas sayas arrastrantes, bendiciendo el aire del cielo;
- el sacerdote, con su alba y su casulla, dispensando las bendiciones del Papa;
- el juez, con su peluca y su toga de bombacea, esforzándose por conciliar la justicia divina con la majestad mundana de la ley;
- el doctor universitario, con birrete y toga, ungiendo a los jóvenes príncipes del saber;
- el bufón, con su gorro de cascabeles, bailando para el dios de la risa;
- mi señora, la del círculo de té de beneficencia, en su resoplante automóvil de gasolina, huyendo del monstruo del tedio;
- la novia y el novio ante el altar o ante el alcalde poniéndose sus atuendos ya cargados de volantes: el volante sagrado de la ley o de la religión;
- el bebé llevado a la iglesia por su madre y sus parientes para que el sacerdote-sastre le cosa a su nuevo vestido el volante del bautismo;
- el soldado con su vistoso uniforme;
- el rey en su armiño con una corona y un cetro añadidos;
- el nabab de la India con sus ropajes suntuosos y multicolores; y
- el papú con cuernos en las nariz y anillos en las orejas:
miralos a todos pasar.
“¿Y aún habrás de añadir a la pasmosa variedad de la función? ¿O habrás de querer otra de las cosas más altas de la mente?
He aquí al artista, luciendo sus vuelos de cabello sobre los hombros; y aquí está también el hombre del sombrero de alas ancha y la franela roja, que son los últimos holanes de cierto grupo de poetas del Nuevo Mundo.