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nydus/The Book of KhalidPublic
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I. El desenredo del *yo*

—«En mi juventud —dijo el Ermitaño—, fui zapatero, y no poco exquisito como artesano. De hecho, soy, y siempre he sido, un extremista, un purista. No puedo tolerar las chapuzas de la vida. O haces tu trabajo con habilidad, con devoción, con ahínco, o no lo hagas. Así que, como zapatero, me fue muy bien. A decir verdad, mi obra era tan buena, tan pulcra, tan elegante como la del mejor artesano de Beirut. Y ya sabes, Beirut es famosa por sus zapateros. Sí, tuve tanto éxito como cualquiera de ellos, y contaba entre mis clientes al mismísimo obispo de la diócesis. Un día, ¡perdóname, Alá!, una joven, hija de un vecino campesino, entra en la tienda a encargar un par de zapatos. Al tomarle la medida del pie... pero no debo entretenerme en estos detalles. Un zapato no puede dejar de reparar en la forma del pie de su cliente. Bueno, le medí también el tobillo... ¡ah, perdóname, Alá!

“—En resumen, cuando los zapatos estuvieron terminados —pasé todo un día en los últimos retoques—, se los regalé. Y ella, en agradecimiento por mi favor, hizo una tabaquera de felpa, en la que mi nombre estaba bordado con hilos de oro, y me la envió, envuelta en un pañuelo de seda, con su hermano.

Ahora bien, ese es el capítulo inicial. Pasaré abruptamente al último, saltándome las partes intermedias, pues son demasiado tontas, todas ellas. Solo diré que fui tan ferviente, tan sincero, tan devoto en este asunto de amor como lo fui en mi oficio. A decir verdad, estaba loco por ambas cosas.

“—‘Ahora el capítulo final. Un día fui a verla —estábamos comprometidos— y descubrí que había ido a la fuente por agua. La sigo hasta allí y la encuentro hablando con un joven, un zapatero como yo. No, no era más que un remendón. Al día siguiente, al ir a verla de nuevo,

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