espera! Aun esas cosas son placenteras; tienen cierta, y no pequeña dulzura. No debemos abandonarlas a la ligera, pues sería una vergüenza volver otra vez a ellas. Mira, no es gran cosa ahora obtener algún cargo, y entonces, ¿qué más podríamos desear? Tenemos abundancia de amigos poderosos; si no se ofrece otra cosa, y tenemos mucha prisa, al menos una presidencia puede sosenos concedida: y una esposa con algún dinero, para que no aumente nuestras cargas: y este será el límite del deseo. Muchos grandes hombres, y muy dignos de imitación, se han entregado al estudio de la sabiduría en el estado matrimonial."
Mientras yo revolvía estas cosas, y estos vientos agitaban y empujaban mi corazón de aquí para allá, el tiempo transcurría, pero yo demoraba en convertirme al Señor; y de día en día difería vivir en Ti, y no difería cada día morir en mí mismo.
Amando la vida feliz, la temía en su propia morada, y la buscaba huyendo de ella.
Pensaba que sería demasiado infeliz si no me hallaba entre los brazos de una mujer; y ni pensaba en la medicina de Tu misericordia para curar aquella flaqueza, por no haberla probado.
En cuanto a la continencia, creía que estaba en nuestro propio poder (aunque en mí mismo no hallaba tal poder), siendo tan necio que no sabía lo que está escrito: Nadie puede ser continente si Tú no se lo concedes; y que Tú se lo concederías si con gemidos internos llamase a Tus oídos y con fe firme arrojase en Ti mi cuidado.
Alipio ciertamente me apartaba de casarnos, alegando que de ningún modo podríamos vivir juntos con ocio ininterrumpido en el amor a la sabiduría, como hacía tiempo deseábamos. Pues él mismo era ya entonces de una pureza extraordinaria en este punto, lo cual era maravilloso; y más aún, por cuanto en los albores de su