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nydus/The Confessions of St. AugustinePublic
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Libro III

dos, o todas juntas; y así viven mal los hombres contra los tres y los siete, aquel salterio de diez cuerdas, Tus Diez Mandamientos, Oh Dios, altísimo y dulcísimo.

Mas ¿qué ofensas abyectas puede haber contra Ti, que no puedes ser manchado? ¿O qué actos de violencia contra Ti, que no puedes ser dañado?

Mas Tú castigas lo que los hombres cometen contra sí mismos, viendo asimismo que, cuando pecan contra Ti, obran inicuamente contra sus propias almas, y la iniquidad se desmiente a sí misma al corromper y pervertir su naturaleza, que Tú has creado y ordenado, ya sea por un uso imoderado de las cosas permitidas, o por arder en las cosas no permitidas, para aquel uso que es contra la naturaleza; o se hallan culpables, enfureciéndose con el corazón y la lengua contra Ti, dando coz contra el aguijón; o cuando, rompiendo los linderos de la sociedad humana, se regocijan audazmente en combinaciones o divisiones obstinadas, según tengan algún objeto que ganar o motivo de ofensa.

Y estas cosas se hacen cuando Tú eres abandonado, oh Fuente de la Vida, que eres el único y verdadero Creador y Gobernador del Universo, y por un orgullo obstinado, se elige de entre ello y se ama cualquier cosa falsa.

Así pues, por una humilde devoción volvemos a Ti; y nos limpias de nuestros malos hábitos, y eres misericordioso con los pecados de los que confiesan, y escuchas el gemido del prisionero, y nos desates de las cadenas que nosotros mismos nos hicimos, si no levantamos contra Ti los cuernos de una libertad fingida, sufriendo la pérdida de todo, por la codicia de más, al amar más nuestro propio bien privado que a Ti, el Bien de todos.

Entre estas ofensas de inmundicia y violencia, y tantas iniquidades, hay pecados de hombres que, en conjunto, van progresando; los cuales, por quienes juzgan rectamente, son, según la regla de perfección,

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