He aprendido de Ti, Dios mío, a distinguir entre una dádiva y un fruto. Una dádiva es la cosa misma que aquel da, el cual nos provee de estas cosas necesarias; como dinero, comida, bebida, ropa, cobijo, ayuda: mas el fruto es la buena y recta voluntad del que da. Porque el Buen Maestro no dijo solamente: El que recibe a un profeta, sino que añadió: en nombre de profeta; ni tampoco dijo solamente: El que recibe a un justo, sino que añadió: en nombre de justo. Así ciertamente el uno recibirá la recompensa de un profeta, y el otro, la recompensa de un justo: ni dice tampoco solamente: El que diere un vaso de agua fría a uno de mis pequeños; sino que añadió: en nombre de discípulo; y así concluye: De cierto os digo que no perderá su recompensa. La dádiva es recibir a un profeta, recibir a un justo, dar un vaso de agua fría a un discípulo: mas el fruto es hacer esto en nombre de un profeta, en nombre de un justo, en nombre de un discípulo. Con fruto fue alimentado Elías por la viuda, la cual sabía que alimentaba a un varón de Dios, y por eso lo alimentó; mas por el cuervo fue alimentado con una dádiva. Ni el hombre interior de Elías fue alimentado de ese modo, sino solo el exterior; el cual también podría haber perecido por falta de ese alimento.
Hablaré entonces lo que es verdad en Tu presencia, Oh Señor, de que cuando los hombres carnales e infieles (para cuya ganancia e iniciación son necesarios los Sacramentos de iniciación y las grandes obras de milagros, las cuales suponemos que son significadas por el nombre de peces y ballenas) emprenden el refrigerio corporal, o de otro modo socorren a Tu servidor con algo útil para esta vida presente; en tanto que ellos ignoran por qué esto ha de hacerse, y con qué fin; ni alimentan estos a aquellos, ni son aquellos alimentados por estos; porque ni los unos lo hacen por una santa y recta intención; ni los otros se regocijan en sus dádivas, cuyo fruto aún no vislumbran.
Pues de aquello se alimenta la mente, de lo cual se alegra. Y por tanto no se alimentan los peces y las ballenas de tales manjares, como los que la tierra no produce sino después de haber sido separada y dividida de la amargura de las olas del mar.