- Desdichado era yo; y desdichada es toda alma atada a la amistad de las cosas perecederas; se desgarra cuando las pierde, y entonces siente la desdicha que ya tenía antes de perderlas. * Así me ocurría entonces a mí; lloraba amargamente y hallaba mi reposo en la amargura. * Así era yo de desdichado, y aquella vida desdichada la estimaba más que a mi amigo. Pues aunque de buena gana la hubiera cambiado, más me rehusaba a desprendergnos de ella que de él; sí, no sé si me habría desprendido de ella ni aun por él, según se cuenta (si no es ficción) de Pílades y Orestes, que de buen grado habrían muerto el uno por el otro o juntos, ya que no vivir juntos era para ellos peor que la muerte. Mas en mí había surgido un sentimiento inexplicable, muy contrario a esto, pues al mismo tiempo abominaba en extremo de vivir y temía morir. Supongo que cuanto más le amaba, más odiaba y temía (como a un enemigo cruelísimo) a la muerte, que me lo había arrebatado; e imaginaba que pronto acabaría con todos los hombres, puesto que había tenido poder sobre él. > Así era
He aquí mi corazón, ¡oh Dios mío!, he aquí y mira dentro de mí; pues bien me acuerdo de él,
Oh Esperanza mía, que me limpias de la impureza de tales afectos, dirigiendo mis ojos hacia Ti, y sacando mis pies del lazo.
Porque me maravillaba de que los demás, sujetos a la muerte, vivieran, ya que aquel a quien yo amaba, como si nunca fuera a morir, había muerto; y me maravillaba aún más de que yo mismo, que era para él un segundo yo, pudiera vivir, estando él muerto.