Mi alma arde en deseos de conocer este enigma complejísimo. No lo cierres, Señor Dios mío, Padre bueno; por Cristo te lo suplico, no cierres a mi deseo estas cosas tan comunes y a la vez tan ocultas, de modo que se le impida penetrar en ellas; antes bien, haz que resplandezcan mediante tu misericordia iluminadora, oh Señor.
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Libro XI
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