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nydus/The Confessions of St. AugustinePublic
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Libro XIII

Alaben Tus obras para que Te amemos; y amémoste para que Tus obras Te alaben, las cuales desde el tiempo tienen principio y fin, ocaso y orto, crecimiento y decrecimiento, forma y privación.

Tienen, pues, su sucesión de mañanas y tardes, en parte ocultamente, en parte manifiestamente; porque fueron hechas de la nada, por Ti, no de Ti; no de materia alguna que no fuese Tuya, o que fuese anterior, sino de una materia concriada (esto es, creada al mismo tiempo por Ti), porque a su estado informe, Tú, sin intervalo alguno de tiempo, le diste forma.

Porque siendo una cosa la materia del cielo y de la tierra, y otra la forma, hiciste la materia de la nada absoluta, pero la forma del mundo de la materia informe; y ambas juntas, de modo que la forma siguiese a la materia sin intervalo de dilación alguna.

También hemos examinado lo que quisiste que fuese prefigurado, ya sea por la creación o por la relación de las cosas en tal orden. Y hemos visto que las cosas, individualmente, son buenas, y juntas muy buenas, en Tu Palabra, en Tu Unigénito, tanto el cielo como la tierra, la Cabeza y el cuerpo de la Iglesia, en Tu predestinación antes de todos los tiempos, sin mañana ni tarde. Mas cuando comenzaste a ejecutar en el tiempo las cosas predestinadas, con el fin de revelar las cosas ocultas y rectificar nuestros desórdenes; pues nuestros pecados pesaban sobre nosotros, y nos habíamos hundido en el abismo oscuro; y Tu buen Espíritu se movía sobre nosotros para ayudarnos a su tiempo; y justificaste al impío y lo separaste del malvado; e hiciste el firmamento de la autoridad de Tu Libro entre los que estaban arriba, que habían de ser dóciles a Ti, y los de abajo, que habían de estar sujetos a ellos; y congregaste a la sociedad de los incrédulos en una sola conspiración, para que se manifestara el celo de los fieles y produjeran obras de misericordia, repartiendo incluso entre los pobres sus riquezas terrenales para obtener las celestiales.

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