semejante a la realidad. ¡Sí, tanto prevalece la ilusión de la imagen, en mi alma y en mi carne, que, al dormir, las falsas visiones persuaden a aquello que, estando despierto, las verdaderas no pueden! ¿No soy entonces yo mismo, Señor Dios mío? ¡Y, sin embargo, hay tanta diferencia entre mí y mí mismo, dentro de aquel momento en que paso del estado de vigilia al sueño, o retorno del sueño a la vigilia! ¿Dónde está entonces la razón, que, despierta, resiste a tales sugerencias? Y aun si las cosas mismas se le impusieran, permanece inconmovible. ¿Acaso queda encerrada con los ojos? ¿Acaso se adormece con los sentidos del cuerpo? ¿Y de dónde es que a menudo aun en el sueño resistimos, y conscientes de nuestro propósito, y permaneciendo castísimos en él, no cedemos ningún consentimiento a tales tentaciones? Y sin embargo, tanta es la diferencia que, cuando sucede de otro modo, al despertar retornamos a la paz de la conciencia: y por esta misma diferencia descubrimos que no hicimos nosotros lo que, sin embargo, nos pesa que de algún modo se haya hecho en nosotros.
¿No eres Tú poderoso, Dios todopoderoso, para sanar todas las enfermedades de mi