sin embargo, que en la asamblea de sus oyentes no se me permitiera intervenir y comunicar aquellas cuestiones que me turbaban, en familiar conversación con él. Y cuando pude hacerlo, y comencé con mis amigos a ocupar sus oídos en los momentos en que no era impropio de él discutir conmigo, y hube planteado aquellas cosas que me conmovían; lo hallé primero totalmente ignorante de las ciencias liberales, salvo la gramática, y eso de un modo ordinario. Mas porque había leído algunas de las oraciones de Tulio, muy pocos libros de Séneca, algunas cosas de los poestas, y aquellos pocos volúmenes de su propia secta que estaban escritos en latín y con pulcritud, y se ejercitaba a diario en el hablar, adquirió cierta elocuencia, la cual resultaba tanto más grata y seductora cuanto que estaba guiada por un buen ingenio y acompañada de una suerte de gracia natural. ¿No es acaso así, según lo recuerdo, oh Señor Dios mío, juez de mi conciencia? Ante Ti está mi corazón y mi memoria, Tú que me dirigiste entonces por el oculto misterio de tu providencia, y pusiste aquellos mis vergonzosos errores ante mi rostro, para que los viera y los aborreciera.
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Libro V
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