Siendo, pues, Tú el Creador de todos los tiempos, si algún tiempo hubo antes de que hicieras el cielo y la tierra, ¿por qué se dice que te abstuviste de obrar? Pues ese mismo tiempo lo hiciste Tú, ni pudieron pasar los tiempos antes de que hicieras los tiempos. Mas si antes del cielo y de la tierra no había tiempo, ¿por qué se pregunta qué hacías entonces? Pues no había «entonces», cuando no había tiempo.
Ni precedes Tú al tiempo en el tiempo, de otro modo no precederías a todos los tiempos. Mas precedes a todas las cosas pasadas por la sublimidad de una eternidad siempre presente, y sobrepujas a todas las futuras porque son futuras, y cuando lleguen, serán pasadas; pero Tú eres el Mismo, y tus años no faltan.
Tus años ni van ni vienen; en tanto que los nuestros van y vienen, para que todos puedan llegar. Tus años están todos juntos, porque están en pie; ni los años venideros desplazan a los que se van, porque no pasan; pero los nuestros serán todos, cuando ya dejen de ser.
Tus años son un día; y tu día no es cotidiano, sino Hoy, ya que tu Hoy no cede el lugar al mañana, ni sustituye al ayer. Tu Hoy es la Eternidad; por eso engendraste al Coeterno, a quien dijiste: Yo te he engendrado hoy.
Tú has hecho todas las cosas; y antes de todos los tiempos eres Tú: ni en tiempo alguno el tiempo no era.
En ningún momento, pues, habías hecho cosa alguna, puesto que el tiempo mismo lo habías hecho Tú. Y ningún tiempo es coeterno Contigo, porque Tú permaneces; mas si ellos permaneciesen, no serían tiempos. ¿Qué es, pues, el tiempo? ¿Quién podrá esto explicar fácil y brevemente? ¿Quién podrá alcanzarlo siquiera con el pensamiento, de modo que logre